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06/04/2015

Consejos y experiencias

El parque saca lo peor de mi

Si, ese trocito de arena con 4 columpios. Es la realidad, pura y dura.

PARQUE 1

Hace dos años, comenzó mi incursión en los mismos (detalle aquí), aventura que duró un par de asaltos, hasta que el deshacerme de los niños montados en los aparatejos de ruedas de Medusi me resultaba casi imposible, sin tener que invocarle a él mismo para que defendiera sus propios juguetes. Hablamos de que Medusi tenía 2 años, y aunque andaba y cotorreaba perfectamente, yo no le dejaba solo ni sol ni a sombra y menos por esa jungla.

El año pasado dado mi estado preñil y las circunstancias (la guarde quedaba lejos de casa y no teníamos que cruzar ningún parque en el camino porque íbamos en coche), conseguí esquivar las tardes de parques, sustituyéndolas por paseos, manualidades y merendolas en sus sitios favoritos.Pero no podía quedar ahí la cosa… la maternidad tiene que complicarse, cuando crees que ya tienes todo controlado (si es que llegas a ese pensamiento en algún momento)

Enfrente de su colegio hay un espléndido parque, lleno de columpios, arena y todas esas cositas que apasionan a nuestros peques, y mi primera experiencia este año me pilló a traición, el destino lo tenía muy bien pensado. El primer viernes que tuvimos con su tarde soleada, su amiguito del cole le dijo que si se iba con él al parque… yo, pese a que mi interior me decía Nooooooo, asentí ya que además no tenía excusa: MedusitA estaba con Papamedusi y casualidades de la vida, ese día el almuerzo del recreo lo llevaba en la mochila, porque habían tenido una celebración en clase y habían comido otra cosa.No tenía escapatoria. Total, ya sabía como iba el tema, un muchito poquito de paciencia y listo.

Pero nada parecido con lo imaginado… los juegos de parque a los 4 años, no son para nada similares a los de los 2 años. Todo lo que recuerdo es: millones de niños, escalando, subiendo, bajando, como hormigas en un hormiguero, todos vestidos igual, con el chándal del colegio y yo volviéndome loca para localizar al mío.

Emparanoiada, hice moverse de banco a la mamá del amiguito de Medusi, porque era incapaz de verle, y al hacer el cambio perdimos el banco que íbamos a conquistar y nos tuvimos que quedar en otro a la sombra con un poquito de fresquete (si la mamá no me ha desapuntado como compañera de parque, poco le falta)

Seguía sin ver a Medusi por ningun lado… ¡ay madre que se me ha perdido el primer día! Pues no, Mamamedusi, parece que no conoces a tu propio hijo, ahí estaba en el túnel del columpio, agazapado y bien escondido como a él le gusta.

Vale, juego la baza de la merienda, le aviso que hay que merendar primero y luego puede seguir montando. El niño que de tonto no tiene un pelo, se sale del recinto sin rechistar dejándome boquiabierta, se merienda su sandwich diligentemente y me pide permiso para regresar a la jauría. ¿Como le digo yo ahora que no? Nos quedamos un ratito más, porque yo mucho no aguantaba que ya me estaba notando taquicardica perdida, a la pobre madre de su amiguito casi no la estaba prestando atención y ya estaba empezando a ser evidente mi personalidad de madre neurótica.

La gota que colma el vaso, es ver como dos niños mayores, se dedican a echar puñados de arena por la cabeza a los pequeños (entre ellos, el mío) Nota mental: Creer a Medusi cuando me dice que la arena del pelo se la echan sus compañeros del cole, o al menos, concederle el beneficio de la duda…

Ahí es cuando ya, desquiciada por la situación que se ha ido desarrollando y encima, ver como dos abusones están desquitandose con mi pequeño, le grito a Medusi: “¡no dejes que te echen arena!! si te echan arena por la cabeza, echasela tu a ellos”…  palabras de madre coraje, que según están saliendo de tu boca estás deseando que vuelvan a entrar (¿que ejemplo le estoy dando a mi pequeño?) Esto se me está yendo ya de las manos. En eso que los dos “delincuentes arena cabezas”, viendo el panorama deciden abandonar el recinto, no vaya a ser que a esa madre loca le de por levantarse.

Del momento “nos vamos ya a casa” ni os cuento, os podéis imaginar: tuve que personarme y subirme en el columpio de marras, entrar en él y sacar arrastras a Medusi que se negaba a abandonar.

Conclusión:

  • Al parque NO se va los viernes, los viernes son el infierno de los parques
  • En caso de volver a ir, tengo que trabajar en mejorar mi imagen, no quiero que a Medusi le conozcan por el de “la madre loca del parque”
  • A ser posible ir con lexatin o similar tomado de casa

Medidas que he tomado tras la experiencia: Si, porque a pesar de que me volvió a pedir parque yo me negué en rotundo (ese día si tenía la excusa de la merienda), soy débil y todo sea por alegrarle la tarde a Medusi. Así que, hice acopio de todo lo necesario:

  • Dorsal fluorescente a ser posible para la identificación clara del sujeto, en mi caso, dorsal exactamente no fue, pero le planté la sudadera más chillona que encontré, amarilla fluorescente. Recibí felicitaciones por parte de alguna madre por mi idea y yo tuve claramente identificado a Medusi durante todo el rato que estuvimos.
  • Grandes dosis de paciencia y resignación (dos veces tuve que salir corriendo a por Medusi que se había dejado los morros y la cabeza en el tobogán)
  • Eso sí, lo de los “matones” del parque tengo que seguir trabajándolo, porque eso de que le hagan perrerías a mi pequeño delante de mis narices, no lo llevo nada bien y me sale como digo en el título… ¡lo peor de mi!

Doy gracias por los siguientes días de lluvia que vinieron y luego las vacaciones se Semana Santa, porque me he podido escaquear, y al menos, he podido seleccionar a que parque íbamos en el que me sintiera mas segura (es decir, uno sin ningún niño, como el de la foto)

Ahora que volvemos a las rutinas, ¡a ver que excusa me invento!